Y de nuevo, te sonreirá

Hemos traido y publicaremos una serie de relatos cortos de la mano de Zurich. Hoy os dejamos el primero de estos relatos que esperemos que os gusten :)

 

Tu madre insistirá en que te comas los garbanzos, pero tú no lo harás. Le pedirás que aparte la zanahoria, que vuelva a calentarlos, que te dé un tenedor para pincharlos. Protestarás. Llorarás un poquito.

Y tu madre hará todo eso.

Pero tú no te los comerás.

Con el tiempo, le cogerás un poco el truquillo a unas cuantas cosas. A los garbanzos, sin ir más lejos. Pero también a tu madre. Aprenderás a contentarla, a negociar la justa cantidad de espinacas a cambio de unas natillas, a decretar la obligatoriedad de llevar tu bicicleta nueva a todas partes y la opcionalidad del abrigo en pleno invierno, con alerta por temporal.

Tu lógica, en todo caso, será aplastante. Tu madre, en cambio, no estará de acuerdo bajo ningún concepto. Suspirará.

Y guardará en el bolso un gorro y un jersey de recambio por si acaso.

Se enamorará de ti. De forma dulce y beligerante a un tiempo. Te hará regalos, te achuchará en la cama, ensalzará el mérito de cada una de tus victorias, por pequeñitas que parezcan. Justificará tus errores. Aliviará con un beso sus consecuencias. Te aconsejará para que no vuelvas a cometerlos.

Tú asentirás, convencido y voluntarioso.

Ella sonreirá.

Y en menos de una semana volverás a cometer el mismo error.

Con el tiempo, además, aprenderás que, aunque la necesites, a veces debes alejarte de ella. Tu madre te ayudará, aunque le duela. Te dejará que vuelvas tarde. Se esforzará por conocer a tus amigos. Te acompañará a echar la matrícula para la universidad, aunque hayas elegido la carrera equivocada.

Y en la maleta te pondrá ropa de abrigo.

Y pasarán los años y las personas y los éxitos y los fracasos. Te harás un hombre o una mujer. Asumirás tus responsabilidades. Entenderás algunas cosas y otras no. Te comprarás un coche. Un nuevo mundo nacerá contigo y, de algún modo, comenzarás a contemplar a tu madre como un anacronismo, una tierna reliquia del antiguo.

Tendrás que explicarle muchas veces las cosas.

Y aunque no las entienda, ella sonreirá.

Empezarás a estar muy ocupado. La vida -tu vida- se convertirá en una aventura apasionante y muy exigente. Conocerás a alguien. Incluso puede que formes tu propia familia. Crecerás profesionalmente. Invertirás en acciones. Pasarás tus vacaciones gracias a una ingeniosa modalidad de apartamentos en multipropiedad.

A tu madre, la verás por su santo y cada navidad.

Y poco a poco se transformará en una suerte de animal mitológico, una heroína legendaria y eterna que sigue regando los geranios e ingresándote de vez en cuando dinero en la cuenta por si acaso.

Pero te sentirás lejos de ella.

Y será lo natural.

Hasta que un día, un día cualquiera, te llame un familiar. Dejarás lo que estés haciendo, te cambiarás de chaqueta y marcharás hacia el hospital.

Tu madre estará tumbada en una cama. Repararás en su dedos diminutos, nudosos y casi transparentes. El suero cayendo gota a gota. Sus ojos mirándote fijamente.

Y en ese preciso instante entenderás todo de golpe. Lo de los garbanzos, lo del abrigo. Tu autosuficiencia. El paso del tiempo. Eso que llaman ley de vida. Qué era urgente y qué era importante. Las visitas que no le hiciste, los besos que le escamoteaste.

Ahí estáis los dos, frente a frente.

Ella sujeta a la vida por un hilo cada vez más fino, casi invisible.

Tú, asediado por la culpa e incapaz de articular una sola palabra.

Pero entonces tu madre te acercará la mano.

Y de nuevo, te sonreirá.

 

 




Zurich Klinc está al lado de todas las mamás y papás. Además, es la mejor manera de proteger tu futuro y el de los tuyos. Haz algo ahora que tu yo del futuro agradecerá.